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9 / 12 / 2014
Prohibición de la exhibición "Our Body": razones éticas

Francia se ha transformado en el primer país que prohíbe la controvertida exposición ”Our Body”, la cual muestra, en poses grotescas, cuerpos plastinados desprovistos de sus pieles. El Tribunal de Casación, máxima autoridad judicial, acaba de establecer que “la exposición de los cuerpos con fines comerciales” es violatoria del Código Civil, el cual establece que “los restos de las personas deben ser tratadas con respeto, dignidad y decencia”. La decisión se basó en el dictamen preliminar del Comité Consultivo de Ética de Francia, primer órgano en manifestar una objeción a la exhibición. Los expertos legales se mostraron sorprendidos ya que en dos apelaciones previas, el argumento de la corte había sido que los cuerpos pertenecían a criminales ejecutados por el gobierno chino. El Tribunal de Casación, en cambio, retomó para su fallo definitorio los argumentos éticos.

Al respecto, reproducimos un fragmento del artículo publicado por Romina Galiussi, investigadora del Programa de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos aires.

La transformación tecno-estética del cuerpo muerto

por Romina Galiussi (extractado de su artículo "Dos tratamientos hipermodernos del cuerpo", Aesthethika, Journal on Subjectivity, Politics and the Arts, UBA, Setiembre 2005)

El progreso científico ha favorecido, no sin costos, la existencia de un rechazo extremo hacia el envejecimiento, recurriendo para ello a la realización de cirugías estéticas que pretenden velar el avance del tiempo. Se podría pensar que lo que se presenta no es sólo el temor a envejecer sino la proximidad que la vejez tiene con la muerte, siendo estas intervenciones un modo de tratamiento evasivo y anticipatorio del encuentro con la misma.

En íntima relación con este tema, podemos sostener que el cuerpo se eterniza por la sepultura, por medio de la lapidaria marca significante que rechaza que el cuerpo se consume. La tragedia de Antígona de Sófocles sería paradigmática en este sentido. En la misma, luego del enfrentamiento en el que los hermanos Eteocles y Polinice se dieron mutua muerte, el nuevo rey, Creonte, ordena que se le otorgue sepultura a Eteocles pues ha muerto por su tierra. En cambio, Polinice murió peleando contra los suyos y por lo tanto su cuerpo no será sepultado ni se brindarán los ritos funerarios de costumbre. Luego de este edicto, Creonte amenaza con quitar la vida de quien lo desobedezca. No obstante, Antigona lo desobedece, dándole sepultura a su hermano como forma de subjetivar aquello que se intentaba abolir.

Jacques Lacan (1988) realiza un exhaustivo comentario sobre esta tragedia. En relación la misma afirma que “[n]o se trata de terminar con quien es un hombre como con un perro. No se puede terminar con sus restos olvidando que el registro del ser de aquel que pudo ser ubicado mediante un nombre debe ser preservado por el acto de los funerales” (p. 335). Tal es el acto que Antígona realiza al sepultar los restos de su hermano Polinice. Esta sería una forma de eternización efectuada por la vía simbólica, que permite conservar un nombre más allá del cuerpo.

Actualmente, sin embargo, existe otra forma de tratamiento de la muerte que se despliega ya no de manera simbólica, sino entre lo imaginario y real. Se trata de la plastinación. Charles Melman (2005) sostiene que nuestra época se halla regulada por una “nueva economía psíquica” (p. 15) a partir de una crisis de los puntos de referencia existentes; se genera así un movimiento que tiene un impulso propio y que implica la mutación constante de lo que él llama hombres sin gravedad. Melman afirma que de una economía basada en la represión se ha pasado “a una economía organizada por la exhibición del goce” (p. 16). En este sentido, el autor sostiene que se están franqueando límites, y ubica a la plastinación como emblemática de este franqueamiento.

La plastinación es una técnica creada por el Dr. Gunther von Hagens que permite la conservación de órganos reales, sustituyendo el agua corporal por acetona y ésta por un polímero, es decir, una solución de sustancia plástica endurecible que evita la putrefacción y viabiliza la manipulación del material, cuidando la forma. Esto facilita que el cuerpo adquiera posturas que se asemejan a las vitales, en una vitalidad inmortal, mediante la cadaverización del movimiento. Esta técnica no sólo conlleva fines educativos–al abastecer el estudio anatómico del cuerpo en condiciones inodoras y conservables–sino estéticos, mediante muestras de imágenes que pueden ser tanto bellas como horrorosas, las que sin embargo se exponen en distintas partes del mundo sin selección a fin de que el impaciente y masivo público las contemple desnudas, sin velos.

Así, el cuerpo hipermoderno ya no se representa sino que se presenta en crudo, con una presencia estéticamente fascinante y a la vez angustiosa, al condensar un cuerpo muerto y una imagen viva, es decir, al pretender aunar un imposible con la vida en la muerte, eligiendo un lugar distinto al de la sepultura, si consideramos la demanda que existe en los sujetos de querer someterse a esta técnica cuando mueran, realizando una donación cadavérica en vida, prefiriendo la plastinación a la putrefacción o la cremación.

Se origina así la mutación desde un lugar sepulcral que protegía al cuerpo y permitía su recuerdo, a una gira mundial en la que se muestran los cuerpos. Se trata de un mercado de imágenes y de exhibición, allí donde lo que era privado ahora es transparente. La muerte se encuentra así en una estética que se orienta en la lógica del espectáculo.



  Juan Jorge Michel Fariña | 3 / 04 / 2012 |  E-mail | 
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