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5 / 12 / 2014
¿Deben ser anónimos los donantes de esperma?

Inmaculada De Melo-Martín, especialista en bioética, acaba de publicar un provocador artículo en The Hastings Center Report. Allí reivindica el derecho al anonimato por parte de los donantes de gametos. Afirma que negarles tal derecho al anonimato resulta “innecesario, socialmente doloroso y moralmente problemático”: en otras palabras, poco ético.

Michael Cook, director del prestigioso boletín Bio Edge, le responde cuestionando la tesis que anima dicho artículo. A continuación, algunos extractos de su editorial.

Las clínicas de fertilidad asistida defienden el anonimato del donante sosteniéndose en un argumento puramente pragmático: si a los donantes no se les garantiza el anonimato, es poco probable que donen. Sin embargo, jamás leí un argumento ético a favor de esta causa.

La idea central de De Melo-Martín es que cada uno construye su propia vida; nadie está condenado a actuar según un guión genético. Desde este punto de vista, ¿cuál sería el problema en ser “huérfanos genéticos”? Se cuenta con otros recursos –familia, amigos, sociedad– con quienes es posible construir una identidad.

Pero en este argumento hay más de lo que se ve a primera vista. El debate sobre el anonimato del donante está ligado al tema fundamental de la bioética contemporánea: ¿cuál es la función del cuerpo? ¿Somos simplemente almas “atadas a un animal muriente”, como escribió William B. Yeats en “Navegando hacia Bizancio”? Si tal fuese el caso, nuestros cuerpos parecerían no tener valor ético alguno. Considero que De Melo-Martín pertenece a esta rama de pensamiento, que representa un renacimiento del dualismo platónico.

Otro punto de vista, más aristotélico y de mayor sentido común, consiste en sostener que una persona es cuerpo y alma, ni una ni la otra, sino ambas a la vez. Es difícil de explicar, pero esta idea se correspondería directamente con nuestra experiencia. Es cierto que cada uno escribe su propio guión en la vida, pero es innegable que nuestros genes son fundamentales para ello. Sin conocer a nuestros progenitores, nos sentimos incompletos, o al menos sentimos que algo nos falta. En otras palabras, nuestros cuerpos no son algo que poseemos, sino una parte integral de quiénes somos. (traducción de Valentina Canevari)

Ver la nota original, en inglés: http://www.bioedge.org/index.php/bi...



  Juan Jorge Michel Fariña | 13 / 04 / 2014 |  E-mail | 
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